Editorial: Cuentos chinos
El descubrimiento del año lo dio a conocer el Ministerio de Economía Industria y Comercio esta semana: miles de productos de procedencia asiática y de preferencia china, se venden sin cumplir las normas de etiquetado a que están obligados por las leyes nacionales.
Lo peor, es que se trata de alimentos, de productos de primera necesidad para los consumidores y que a no ser que uno conozca mandarín o cantonés no podrá entender cómo se preparan, cuáles son sus ingredientes, cuales son las indicaciones que se deben seguir para su uso, las fechas de vencimiento y muchos datos más, como el nombre del importador, su teléfono y dirección para asegurar la seguridad del público.
Es un severo problema de salud que los consumidores vivimos diariamente desde hace muchos años y que ahora el Ministerio de Economía y el Ministerio de Salud sacan a la luz pública como la gran novedad.
Desde que el país vive la indefinición sobre el papel del Estado en la vida pública de los costarricenses y se propician tratados de libre comercio por doquier, hemos perdido muchas cosas entre ellas la soberanía de los consumidores.
Si bien es cierto tenemos una oferta mayor de bienes y servicios y una variedad de precios amplia, no se controla la calidad de los mismos y sobre todo que cumplan los requisitos que las empresas locales, miles de ellas de costarricenses, si están acatando.
Productos chinos, británicos, franceses, rusos con etiquetado que no sea en español constituyen una competencia desleal para el productor local y un peligro para la salud pública.
Quien se meta en una pulpería en la zona de los santos, (cantones de San José) encontrará toda clase de productos en cuyas etiquetas aparecen teléfonos de servicio al cliente y atención de emergencia de México y no de Costa Rica. Igualmente, encontrará cigarrillos hechos en cualquier parte menos en Costa Rica.
El problema en si trasciende la salud pública. Se trata de una economía paralela producto de la corrupción que el Estado ha propiciado al abandonar funciones básicas como el control en aduanas. Igual que los alimentos llegan sin cumplir las normas sanitarias a los negocios, así pasa con los perfumes, los licores, los zapatos, la ropa, los discos, los carros y por supuesto las drogas.
Es fundamental que los aspirantes a la presidencia y a las diputaciones dejen de hablarnos, de progreso, de cambio, de mejor calidad de vida y nos digan cómo van a combatir la economía subterránea e informal que existe en Costa Rica y que afecta a todo empresario honesto que cumple con las leyes nacionales y al consumidor final al que siempre le salen con cuentos chinos.
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