Jóvenes y política

Enrique Tovar

En Costa Rica, la juventud prácticamente no cuenta ni para la política ni para iniciativas en otros ámbitos de la sociedad.

Los muchachos y muchachas no interesan ni a los partidos políticos ni a los gobiernos, salvo para que emitan su voto el día de las elecciones.

Basta echar un vistazo a la Asamblea Legislativa y a la integración de la dirigencia de los grupos políticos, para ver con toda claridad que los jóvenes brillan por su ausencia.

No hay jóvenes desempeñándose en cargos de elección popular ni tampoco en funciones públicas de mando. (En la actual Asamblea Legislativa solo participa una joven).

Y eso que los muchachos y muchachas constituyen una población de más de 1.600.000 costarricenses (entre los 15 y 35 años de edad), tal como lo determinó la primera Encuesta Nacional de Juventud, que se dio a conocer en febrero del 2008.

En política, lo tradicional es darle el sótano, el subsuelo, a los menores de 30 años. Como gran cosa se le conceden los puestos fuera de la esfera de los posibles por salir, al borde de la línea donde, por solo un golpe de la fortuna, podrían ser elegidos.

No se ven muchachas ni muchachos en los directorios o en las cúpulas de los partidos, no se les ve en las casillas de las papeletas electorales que aseguren que llegarán a ocupar una curul, no se les ve como presidentes municipales, y muchísimo menos como miembros de un gabinete.

Un repaso de los últimos seis gobiernos o legislaturas permite apreciar que no pasan de cinco los jóvenes que se desempeñaron en puestos de elección popular (diputados) o como parte del equipo de Gobierno.

La pregunta se cae. La pregunta flota en el ambiente. La pregunta tiene su respuesta. ¿Se aleja la juventud de la política o son los políticos los que alejan a los jóvenes?

Se habla hasta la saciedad de que las muchachas y los muchachos no participan en política. ¿Para qué van a participar si ni siquiera se les incluye en los aparatos de dirigencia?

El abandono de la juventud se observa por doquier. Un par de ejemplos.

Las municipalidades le dan la espalda a los Comités Cantonales de la Juventud. Los espacios, en los gobiernos locales, son reducidos para ellos, no obstante estar los ayuntamientos obligados por ley a brindarles acogida y respaldarles en sus iniciativas.

Por otro lado, más de 600 mil jóvenes entre los 12 y 19 años no están cubiertos por los servicios de salud, pues esa atención solo llega al 30 por ciento de los adolescentes del país, según reveló el sexto informe sobre el Estado de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia en Costa Rica, presentado el 18 de septiembre de 2008.

Como una excepción se debe señalar el oportuno programa “Avancemos”, que puso en marcha el actual Gobierno en el campo de la educación. Pero en otras áreas el vacío es total. No se ven casas de juventud por ningún lado, no se ve que los jóvenes –cuyos votos son apetecidos por todos los partidos- se perfilen como figuras dentro del engranaje de las organizaciones políticas.

Eso sí, de inmediato se les abre espacio para que hagan bulto, para que presten la gracia y el encanto de su presencia, para que irradien su riquísima energía, y repartan sonrisas y decoren los ambientes.

En Costa Rica, el verso aquel de “Juventud, divino tesoro”, se ha convertido en “Juventud, divino decoro”.

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Escrito por admin en 26 agosto 2009. Archivado bajo Foro / Columnas. Puede seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puede dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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