Enrique Gomáriz Moraga
Con la casi totalidad de los votos escrutados, las cifras muestran que las encuestas bien hechas se equivocaron poco. En otras palabras, que los sondeos electorales siguen siendo un instrumento poderoso de examen de la realidad, incluyendo el análisis de la intención de voto. De hecho, las encuestas recogieron con bastante fidelidad las tendencias globales de las votaciones del pasado domingo.
La casi totalidad de las encuestas mostraban una clara delantera de Laura Chinchilla respecto de sus contendientes y eso se confirmó. La mayoría de los sondeos colocaban a Chinchilla por encima del 40% y las tres últimas situaban esta cifra entre el 42% de Unimer y el 45% de Cid-gallup y la Escuela de Estadística de la UCR. Pues bien, el resultado final es de 46,7%, sólo ligeramente superior.
Respecto de la pugna de sus dos seguidores mas cercanos, la tendencia que mostraban los últimos sondeos del crecimiento del PAC y la caída de los libertarios también se confirmó; una tendencia que continuó avanzando en los últimos días, hasta colocar a Solís como segundo y a Guevara como tercero.
Sobre el abstencionismo, las encuestas también mostraron la tendencia a una ligera reducción y ello se confirmó, mas cerca de la realidad que las previsiones iniciales mas optimistas de don Luís Sobrado, Presidente del TSE, que afirmaba que el abstencionismo se reduciría al 25%, aunque el día de las elecciones ya colocó la cifra en torno al 30%, como sucedió en realidad.
En suma, una lectura comparada del conjunto de las encuestas y evitando quedarse pegado a alguna de ellas, permite prever las tendencias gruesas del proceso electoral con bastante fidelidad. Veamos a continuación como operaron algunos de los factores de ajuste que se discutieron en los días previos a las votaciones del domingo.
Un asunto que generó polémica fue el manejo proyectivo del bloque de indecisos. Como mencionamos ayer en CRH, la empresa Imerca señalaba acertadamente que hay que realizar esa operación con cuidado, pero se equivocaba por completo al pasarse al otro extremo y realizar los cálculos de forma extremadamente conservadora. Por ello sus cifras quedaron tan cortas. Como sostuvimos ayer, sobre el 35% de voto fijo, con una pequeña proporción de los indecisos, Laura superaba el 40% sobradamente. Es decir, la idea de manejar con mucho criterio la proyección de los indecisos, que proclamaba Imerca, también vale para esa misma empresa, aunque desde la perspectiva opuesta.
Otro aspecto interesante fue el comportamiento del voto oculto, que efectivamente se dio en esta oportunidad. Como se recordará, este fenómeno incluso comenzó a presentar una versión explícita ante las encuestas, en torno a un 7% de personas que decían que irían a votar por un candidato ya decidido, pero que no querían declararlo a la encuestadora. El error de algunos fue pensar que el voto oculto se movería en una sola dirección, principalmente hacia el PAC. Parece cobrar fuerza la hipótesis de que, si bien efectivamente hubo voto oculto favorable al PAC, también hubo voto oculto, tanto en el valle central como en la periferia del país, a favor de Liberación Nacional. En efecto, en un clima nacional de fuertes críticas al continuismo, muchas personas agazaparon su voto a favor del mismo.
Pero el factor que más diferenció los resultados de las votaciones frente a las encuestas fue definitivamente ese paso que hay entre la intención de voto y la ejecución del acto de votar; algo que en amplios sectores de población rural o con dificultades fácticas (discapacidad, enfermedad, ancianidad) tiene considerable peso. Dicho de otra forma, lo que elevó ligeramente la distancia a favor de Liberación respecto de sus inmediatos seguidores, fue el hecho de que este partido es el único que tiene una estructura orgánica que permite una fuerte maquinaria electoral (mas allá de que su organización operativa fuera o no un ejemplo a imitar). Pero ni el PAC ni los libertarios presentaron nada comparable, dejando el peso de su cauce electoral en manos de la voluntad individual de sus votantes.
En todo caso, el hecho de que Laura Chinchilla lograra recuperar el voto favorable del Valle Central para Liberación, también está hablando de que, además de la maquinaria electoral, ha contado también el factor simbólico en estas elecciones. Sobre todo en el centro del país, parece más atractivo el nacionalismo dulzón de “La Patriotica”, que las metáforas despectivas sobre águilas y caracoles.
Puesto el asunto en perspectiva, todo indica que en el ejercicio del liderazgo hay que ver como operan dos cosas: la capacidad de generar empatía y la facultad de tomar decisiones por incómodas que sean. Todo indica que Oscar Arias ha tenido mucho más de lo segundo que de lo primero. Laura Chinchilla, por su parte, parece que tiene lo primero y ahora tendrá que probar cuanto tiene de lo segundo.
Pero quizás el problema más serio en cuanto a la capacidad de prever mínimamente un resultado electoral se encuentre del lado de los líderes opositores. Un registro de las cosas que dijeron iban a suceder el pasado domingo compondrían un verdadero museo de esperpentos. Pero hay algo un poco más grave: las afirmaciones de algunos dirigentes del PAC diciendo que el resultado electoral “no refleja lo que mostraban las calles”. Parece que en esta formación política todavía hay mucha gente que no asimila bien la base simple de la democracia representativa: una persona un voto. Ello significa una reminiscencia leninista de considerar que no puede valer lo mismo el voto de un ama de casa que el de un obrero revolucionario (de ahí que “todo el poder a los soviets”); mutatis mutandis, que pesa más el activismo callejero que la ciudadanía sustantiva. Cuanta razón tiene don Luís Sobrado cuando dice que falta todavía educación ciudadana para proyectar un democracia sólida, moderna y confiable, y evitar así que se desoriente la esplendida democracia que Costa Rica muestra en la región.










